Economía nacional: consumo y crédito

¿Dónde está la crisis?

Por JÜrgen Schuldt*  

Las deprimentes cifras macroeconómicas, uno diría que nos encontramos en una situación desastrosa a nivel microeconómico. Sin embargo, muchos se preguntan cómo así las familias de casi todos los estratos socioeconómicos siguen comprando a un buen ritmo, si bien a manos no tan llenas como el año pasado. Parecería existir, por tanto, una incongruencia entre la desaceleración económica y el aparente bienestar relativo de la población.

En efecto, la demanda interna ha caído en 5.6%, comparando el segundo trimestre de este año respecto al mismo del anterior, en gran parte por el descenso de la inversión en 20,8% y del gasto público y otros menores en 18,2%. En el segundo trimestre respecto al primero de este año, la inversión siguió cayendo (-10%), pero fue compensada en términos absolutos por el aumento del gasto público (32%). Las calamitosas cifras de producción sectorial asustan y son de dominio público, especialmente el derrumbe de la producción manufacturera en 12,5%.

¿Dónde está el secreto de la curiosa bonanza relativa? Evidentemente en la expansión del Consumo Privado real, que representa el 71% de la demanda interna. Ese gasto familiar aumentó apenas en 1,9% en ese periodo, pero se expandió a una sorprendente tasa del 10,1% en el segundo trimestre vis a vis el primero de este año. Curiosamente, sin embargo, resulta que los ingresos no han aumentado y el empleo urbano a nivel nacional ha caído en 2,9%, comparando el primer semestre de este año (promedio del índice: 134,7) con el segundo del año pasado (138,7), considerando únicamente el que se refiere a empresas con diez o más trabajadores.

De manera que no queda sino explicar ese incremento del consumo familiar como consecuencia del crédito que el sistema financiero les ha otorgado a las familias y a las microempresas: aumentó en 35%, comparando los primeros siete meses de este año con similar periodo del año anterior. El crédito para consumo se expandió en 14%, para vivienda en 40% y para microempresas en 30%. Con lo que las deudas acumuladas de las familias han aumentado a ritmos que hacen pensar que la insolvencia podría estar a la vuelta de la esquina. Es cierto que aún la tasa de morosidad es baja, pero ha aumentado en 39% (de 1,19 a 1,65) en los últimos doce meses, lo que ya es una primera señal preocupante.

Como en EEUU hasta hace poco, estamos flotando sobre una pareja de burbujas, resultado del estímulo espurio proveniente del sector financiero, que –si bien se está desacelerando– resulta peligroso porque en cualquier momento puede colapsar. La acumulación de las deudas y la sobreinversión en viviendas están a la vista. Bastará una pequeña chispa, digamos la quiebra de algunas empresas textiles o agroindustriales exportadoras, que enfrentan graves problemas de demanda y que sufren a consecuencia de una tremenda sobrevaluación del sol respecto al dólar, el que se ha revaluado nominalmente en más del 11% desde marzo (cayendo de 3,259 a 2,894).

Ciertamente la vejiga aún tardará en desinflarse, lo que sucederá a más tardar cuando El Niño juguetón la pinche. Las injustificadas expectativas tan optimistas que mantienen a flote nuestro bote en estos momentos y la expansión del crédito pueden voltearse con la menor ventisca. Guerra avisada no mata gente.

* Economista , Universidad del Pacífico Observando. Artículo publicado en La República el 22.9.2009, al cuual se puede acceder siguiendo el enlace:  Guerra avisada no mata gente.


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