Desarrollo económico y democracia

La Democracia en el Perú

Jans Erik Cavero Cárdenas*

¿Cómo está valorada la democracia en el Perú?, ¿cuál es su funcionamiento?, ¿es aún el sistema político deseado?, ¿cuánto contribuye a la gobernabilidad del país? Responder a estas interrogantes depende de muchos factores contingentes, no existiendo, por tanto, respuesta unánime. No es fácil conceptuar la democracia, como tampoco lo es el intento por medir su rendimiento en términos de resultados, máxime si se omiten indicadores adecuados que den cuenta de los elementos que condicionan su funcionamiento.

La democracia es sostenible si cuenta con legitimidad social que apoye su ejercicio. He ahí un primer elemento. Ahora bien, ¿cómo se mide la legitimidad social? Existen diversos instrumentos que van desde sondeos de opinión hasta entrevistas semi estructuradas. En Latinoamérica, son conocidos los informes de la Corporación Latino barómetro, cuya validez depende del rigor puesto en el diseño metodológico. Para el Perú, en el año 2009, la recolección de data se hizo a través de una muestra probabilística de 1,200 entrevistas, con un margen de error muestral de  +/- 2,8%.

En principio, el informe demuestra que no hay correlación directa entre las variables “desarrollo económico” y “democracia”. La afirmación neoliberal de que el crecimiento económico genera mayor democracia ha sido falseada a raíz de la crisis económica reciente, pues a pesar de tener una economía en recesión, la percepción de la democracia ha crecido en la zona, situándose en un 59% promedio. En el Perú, sólo el 52% apoya la democracia, a diferencia de países como Uruguay (81%) y Costa Rica (74%)

En una escala del 1 (país no democrático) al 10 (país totalmente democrático), los peruanos ubican al Perú en 5,7, a pesar de su bonanza económica. Esta puntuación sólo supera a Paraguay (5,4%), país considerado altamente corrupto, pero está por debajo del promedio latinoamericano (6,7). Los acontecimientos luctuosos de Bagua y la represión militar y policial contra las movilizaciones sociales le restan reputación a la precaria democracia que empezó a reconstruirse desde la caída de Fujimori. Paradójicamente, el 93% de peruanos creen que las protestas son normales en democracia.

La presencia del Parlamento y de los partidos son también indicadores valorados por el imaginario colectivo. El 48% estima que no puede haber democracia sin Parlamento, mientras que la mitad de peruanos cree que no puede haber democracia sin partidos políticos. El primer porcentaje se explica porque el Congreso ha hecho poco para recuperar su alicaída imagen. El ser una “mesa de partes” del Gobierno, la desnaturalización de sus prerrogativas, el debate de temas intrascendentes y su capitulación para fiscalizar, le restan credibilidad y confianza. Por lo  demás, el partido más organizado del país ha sido derrotado en el interior del país y asiste a otra derrota aleccionadora en las próximas elecciones 2011.

No es casual que un ínfimo 15% esté convencido de que se gobierna en beneficio de todos, mientras que sólo el 22% está satisfecho con la democracia. La corrupción continúa generando desconfianza ciudadana en las instituciones públicas, sin que el Perú haya logrado convencer de los avances que ha tenido en su lucha contra ella. Los casos Rómulo León, Petroaudios, las concesiones negociadas por este gobierno, justifican el hecho de que sólo un 22% crea que hay progreso en la implementación de políticas anticorrupción.

En términos de igualdad la cosa no va mejor. El 90% de peruanos considera injusta la distribución de la riqueza, con la desesperanza de que en el futuro sus hijos seguirán siendo pobres. Si el promedio regional de discriminación es 44%, en el país de cada 100 ciudadanos se discrimina a 52%, razón por la que el Perú es considerado como el Estado más discriminador en Latinoamérica. Del total del colectivo social, los homosexuales siguen siendo los más rechazados: Al 31% de peruanos no les gustaría tener como vecinos a personas con opción sexual diferente.

¿Qué mensaje arroja las cifras? Que hay que reforzar la legitimidad social de la democracia. La confianza en las instituciones es imprescindible para garantizar la gobernabilidad del sistema político. En un escenario donde la democracia formal, de corte liberal burguesa, viene cobrando protagonismo, no es posible que el 68% de latinos confíen en la iglesia y el 55% en los medios de comunicación. Urge redescubrir la política para construir nuevos partidos; amerita la reestructuración de los sindicatos; y, sobretodo, la reingeniería de los poderes del Estado y de la administración pública.

* Analista político.  Artículo publicado en:

http://mx.groups.yahoo.com/group/AHuA/message/28259

 


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