Visión de futuro: desarrollo y crecimiento

¿Qué desarrollo queremos?[1]

Pedro Francke*

Escasa es la discusión de propuestas entre los candidatos. Las pocas que hay, se orientan a proponer medidas específicas, como aumentar los sueldos de los maestros o promover determinados hospitales. Falta, sin embargo, una discusión más de fondo: ¿qué tipo de país queremos construir?

Poco sentido tiene discutir si una medida es mejor que la otra, si no partimos previamente de analizar hacia dónde queremos dirigirnos. Desde nuestro punto de vista, el objetivo del desarrollo es mejorar la libertad y las capacidades de las personas, de manera sostenible. Un enfoque de desarrollo humano como este pone énfasis en la salud, la educación, la participación ciudadana en las decisiones colectivas en democracia, la integración en la vida social y el poder gozar de un medio ambiente no contaminado o destruido. El acceso a bienes y servicios, que es lo que mide el PBI, puede ser útil para lograr esos funcionamientos básicos y muchos otros, pero son solamente un medio para ello, y puede haber muchos otros factores que los amplíen o reduzcan.

Un segundo elemento fundamental a nuestro juicio es que esta ampliación de las capacidades de las personas debe alcanzarse con equidad. La justicia en la distribución de las oportunidades y las capacidades es otra característica central que define la sociedad a la que aspiramos, y las grandes desigualdades que existen en el Perú ponen de relieve el enorme camino que tenemos por recorrer en este aspecto.

Pueblos indígenas,  cultura y medio ambiente

Queremos también un desarrollo basado en las comunidades y donde estas, y en especial los pueblos indígenas, tengan un espacio amplio de autonomía en la decisión de su propia opción de desarrollo; lo que demanda el respeto y ampliación de los derechos de los pueblos indígenas. Queremos un desarrollo basado en el respeto a las diferencias culturales y en el diálogo intercultural. Queremos un desarrollo que vaya de la mano con un equilibrio armonioso con el medio ambiente, de tal manera que el aire, el agua, los bosques y la biodiversidad, sean respetados y preservados, asegurando de esta manera que futuras generaciones puedan gozar también de la naturaleza.

No decimos nada nuevo: esta misma orientación está presente en diversos convenios e instrumentos internacionales, en particular en la Convención Universal de los Derechos Humanos, la Declaración del Milenio y el Convenio 169 de la OIT sobre los Pueblos Indígenas.

Desde esta mirada de lo que queremos con el desarrollo se pone en el centro a la vida, y no al mercado o a la economía, que pueden tener un rol, pero subordinado o instrumental al bienestar de la gente y de los pueblos.

Políticas públicas y derechos sociales

La sociedad moderna no puede entenderse sin los derechos, esta base de relación entre individuo y Estado que protege la autonomía de las personas y pone freno al poder del soberano. Los derechos humanos incluyen tanto a los derechos civiles y políticos como a los derechos económicos, sociales y culturales, entre los que destacamos los derechos a la educación, la salud, la alimentación, la vivienda, el trabajo y la seguridad social.

En algunos de sus aspectos estos derechos sociales son de cumplimiento progresivo, dado que el Estado no puede comprometerse a lograr que toda la población peruana tenga, por ejemplo, una atención de salud integral en forma inmediata. Ello, sin embargo, no hace que la obligación del Estado de ese cumplimiento progresivo sea menor. Así, el derecho a la educación, por ejemplo, implica que el Estado debe hacer todos los esfuerzos posibles por asegurar, en el menor plazo posible, que efectivamente todos los niños peruanos tengan acceso a una educación básica de calidad. Ese esfuerzo no se ha hecho en el Perú de manera permanente en las últimas décadas. A casi 200 años de vida republicana y tras 20 años de crecimiento económico, el estrecho alcance que tienen los derechos sociales en el Perú muestra que nuestro Estado ha incumplido las obligaciones que asumió cuando suscribió los convenios internacionales que respaldan estos derechos.

El esfuerzo por cumplir y ampliar los derechos sociales está claramente vinculado, desde la economía, a la recaudación tributaria. Como dice José Antonio Ocampo, “el avance hacia una política social de corte universal no será posible sin un  nuevo ‘pacto fiscal’ en la región, que refuerce en particular la tributación directa”.

Una segunda consideración a tener en cuenta es que el avance en la realización de esos derechos debe evaluarse desde la situación de los sectores menos favorecidos de la sociedad. El criterio básico de equidad en los derechos es que estos son iguales para todos. No hay derecho realizado si no lo es para todos; beneficio para algunos no es derecho. Dado que en nuestro país existen todavía sectores sociales excluidos cuyo acceso, por ejemplo, a una atención de salud es mínimo, ello implica que el goce del derecho a la salud en el Perú es casi inexistente.

¿Mucho pedir?

Hoy que la discusión política parece más asunto de peluqueros que de estadistas, hay que insistir en que una nación necesita visiones de futuro y objetivos comunes. No basta con un listado de medidas prácticas. Un sentido de país y de comunidad es indispensable, y quienes aspiran a dirigir nuestro destino colectivo debieran liderarnos e inspirarnos con sus ideas y sus sueños. Libertades, cultura, ambiente y derechos son miradas que inspiran.

* Economista y profesor de la PUCP.

 


[1] Artículo publicado en «LaRepublica» el 13/02/2011. Consultado el 19/02/2011 en: http://www.larepublica.pe/13-02-2011/que-desarrollo-queremos


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