Carencia de institucionalidad es pobreza de ciudadanía: construyendo un país

¿Qué es ser peruano? Le aseguro que usted está más orgulloso de un cebiche que de su policía.

por Alfredo Bullard*

 

El 28 de julio este Diario publicó una encuesta de Ipsos sobre el orgullo (y vergüenzas) de ser peruano. Orgullos y vergüenzas definen lo que sentimos como peruanos.

Los resultados son interesantes. Cuando se nos pregunta “¿Cuáles son las razones por las que usted se siente orgulloso de ser peruano?”, estas son las primeras diez respuestas: (1) la cocina/gastronomía, 48%, (2) los recursos naturales/biodiversidad, 45%, (3) Machu Picchu, 40%, (4) la cultura/arte, 38%, (5) los paisajes naturales, 38%, (6) la historia, 37%, (7) la música, 22%, (8) los restos arqueológicos, 17%, (9) el modo de ser de la gente, 13%, (10) el vóley, 11%.

Interesante que en ninguno de los rubros mencionados se habla de institucionalidad. No estamos orgullosos de nuestras reglas, de nuestro gobierno, de nuestros jueces, de nuestro Ejército, de nuestras fuerzas policiales, de nuestra capacidad de trabajar. No parece ser motivo de orgullo la seguridad o la baja criminalidad. Lo más cercano a institucionalidad puede ser el modo de ser de la gente, pero me temo que allí más que orgullo de que seamos puntuales, gente de palabra o cumplidores de la ley, los encuestados se refieren a ser buena onda, simpaticones y quizás, un poco criollos o graciosos.

Lo que destaca es la diversidad de la comida, la historia, los paisajes y la cultura. Se puede decir que estamos orgullosos de lo que llamaríamos comúnmente “atractivos turísticos”. Estamos orgullosos de lo que se puede encontrar en nuestros restaurantes, nuestra naturaleza, en nuestras ruinas y en nuestros museos. Por allí se coló el vóley como rezago de épocas notables.

Vayamos ahora a la pregunta “¿Cuáles son las razones por las cuales usted puede sentir vergüenza de ser peruano?”. Van las diez primeras respuestas: (1) la delincuencia, 68%, (2) la corrupción, 61%, (3) la falta de justicia, 38%, (4) el narcotráfico, 35%, (5) la discriminación, 30%, (6) la desigualdad, 21%, (7) la pobreza, 21%, (8) el nivel educativo, 18%, (9) el fútbol, 7% y (10) el modo de ser de la gente, 5%.

Interesante el contraste. Virtualmente todo lo que nos avergüenza es la falta de institucionalidad. Nos sentimos mal porque a falta de reglas la delincuencia campea (de los primeros 4 rubros tres son delitos y uno la incapacidad de enfrentarlos). Nos avergüenza nuestra incapacidad de crear un orden justo, donde los derechos sean respetados, donde haya reglas. Nos avergüenza que no tenemos un Estado de derecho. Aquí la mención al modo de ser de la gente parecería referirse a la criollada y la viveza. Y por supuesto el fútbol no podía pasar desapercibido luego de más de tres décadas de no poder ir a un Mundial.

Ello contrasta con lo que ocurre en encuestas similares en países desarrollados. Los alemanes están orgullosos de su capacidad de inventar, del sentido del deber y la eficacia en el trabajo. El 91% cree que las reglas y el orden son características de su país.

El balance: tenemos un lindo país en el que se come rico (del que nos sentimos orgullosos), pero sin instituciones, sin reglas de juego que garanticen la convivencia (de lo que nos avergonzamos).

A cinco años del bicentenario, tener un resultado distinto en la misma encuesta es la meta. Le aseguro que usted está más orgulloso de un cebiche que de su policía y ni qué decir de nuestro Parlamento, que es fácilmente superado por una causa de pollo. Un imponente paisaje en el valle del Colca es más inspirador de lo peruano que el cumplimiento de la ley o nuestro sistema de justicia. Se siente más peruano apreciando el arte mochica que mirando la historia republicana reciente.

Las instituciones son precisamente las reglas de juego. Son normas que se cumplen y valores sociales y culturales que aseguran una conducta leal, justa y correcta. Se mide con cosas tan sencillas como el respeto que nos inspira un juez o un policía. Convierten en sostenibles el desarrollo y el bienestar.

El día en que ser puntuales, respetuosos de la palabra empeñada, cumplidores de las normas y correctos nos genere más orgullo que nuestra maravillosa comida, mereceremos realmente ser un país con 200 años de vida. Tendremos el auténtico orgullo de ser peruano y ser feliz.

 

NOTA DEL EDITOR

* Abogado. Artículo publicado en sección OPINIÓN del Diario “El Comercio”, edición sábado 30 de julio del 2016.

 

 


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